El Aborto: Un atentado contra el ser y la naturaleza del hombre.
Por: Fr. Angel M. Beltrán N., O.P.
Observa la sonrisa de un niño, las arrugas y la experiencia de un anciano y ahora, mira detenidamente tu rostro. Pregúntate, ¿qué sería de ese niño, de ese anciano y de ti mismo; si quienes los engendraron hubieran interrumpido voluntariamente el proceso que sigue un embarazo normal?. Cada uno con su historia, desde sus circunstancias vive la vida. Acaso, ¿existirán razones para haber interrumpido voluntariamente esa vida que cada uno de nosotros disfrutamos?.
Estamos hablando del “aborto”, como la muerte del feto humano antes de nacer, provocada directa y deliberadamente en cualquiera de los momentos biológicos del proceso de gestación a partir del momento preciso de la concepción; es decir, hay vida humana desde la célula germinal conformada por la unión del óvulo y el espermatozoide hasta el nacimiento del niño y este proceso de formación de la vida no puede ser interrumpida por razones humanas predeterminadas.
El problema del aborto es tan antiguo como la humanidad, en culturas como la sumeria, 3000 años antes de Cristo, se castigaba esta práctica y en otras más recientes, como la griega, se permitía alegando razones de “superpoblación” de las ciudades; y en la romana, no existía problema “ya que el progenitor era el dueño de la vida”. Será el judaísmo y posteriormente el cristianismo quien haga una defensa vehemente de la vida y la dignidad prenatal del ser concebido; como afirma Tertuliano: “atentar contra la vida del feto, es atentar contra la vida de un hombre que está en camino de serlo”.
Ayer como hoy la polémica sigue, la cultura de la muerte se impone, tras una cortina de humo que supuestamente quiere mejorar el “bienestar humano”. Las políticas abortistas de los gobiernos ven en la “superpoblación” un peligro para la existencia de los recursos de subsistencia; los sistemas de derecho proclaman el libre ejercicio de la libertad y desarrollo de la personalidad; las ciencias biomédicas como la ingeniería genética, ven en la experimentación prenatal el camino para “mejorar y prolongar” la vida de los seres humanos; los sistemas éticos relativistas, donde se buscan simples argumentos para el bienestar de cada cual sin importar el costo; la educación, donde se enseña biología sexual y la fenomenología del placer producido por las prácticas sexuales; el machismo, el feminismo, el consumismo con su chantaje del “qué dirán”, “de guardar la imagen”; las familias “desechables” e “intercambiables”; las mentalidades de sociedades enfermas que dan origen a individuos “sexoadictos” que terminan cometiendo toda clase de delitos contra el ejercicio digno y personalizador de la sexualidad. Muchas otras razones se podrían aducir para legitimar las políticas abortistas ya sea de los estados, de las familias o personales. Simplemente hago una pregunta: ¿Por qué razón, un ser indefenso, que tiene derecho a vivir independientemente de los criterios, creencias y argumentos de las sociedades y las personas tiene que terminar pagando con su vida lo que desde criterios humanos, razonables, dignos, es posible evitar?.
Como el asunto no se trata simplemente de llegar a posiciones condenatorias sin más, quiero al menos que examinemos cuatro razones, que brindan luces objetivas para desestimar este tipo condenable de práctica:
-Razón biológica: Biológicamente hablando, desde el momento de la fecundación comienza a existir una célula germinal que contiene un mapa genético (comprobado por la ciencia), el conjunto de rasgos esenciales para que una nueva vida exista. Esa célula germinal que luego se convierte en cigoto, embrión y feto, tiene VIDA, porque tiene movimiento propio; es HUMANO, porque es del mismo principio generador de los padres; es INDIVIDUAL, porque posee un código genético propio; es PERSONA, porque tiene autonomía, distinta de sus padres y del vientre receptor.
-Razón histórica: En la mayor parte de las civilizaciones la conservación y defensa de la vida del prenacido ha sido una constante. Históricamente el abortar ha sido un delito grave.
-Razón antropólogica: ¿Qué otro ser viviente, distinto de los humanos, atenta contra su propia especie en estado de gestación?. Atentar contra el ser humano, es atentar contra nuestra propia posibilidad de vida, de racionalidad, de solidaridad con nuestra especie y demás características que nos identifican como seres humanos y no como otra cosa.
-Razón teológica: Ese principio de vida en cualquiera de sus fases de desarrollo es ya imagen de Dios, es criatura formalmente de Dios. De ahí su sacralidad. Si Dios crea y respeta esa vida, que a veces, en mal uso de la libertad humana, se engendra en las situaciones más absurdas, antihumanas y anticristianas; ¿quién le ha dado autoridad para atentar contra esa vida inocente e indefensa?. No se puede escudar en la falta de práctica religiosa o la libertad de cultos para cometer este delito, cuya culpa clama justicia hasta el ser íntimo del hombre y de su tarea socio-histórica.
¿Cómo enfrentar el problema?. En sociedades como las nuestras habrá que hacerlo desde el rescate del sentido de la vida y la confrontación de los valores humanos y cristianos, si se es creyente; dados dentro de un proceso educativo que por una parte, enseñe y lleve al joven y por ende al adulto a un ejercicio sano de su sexualidad, que comprometa todo su ser y su proyecto de vida; y por otra parte, una educación que desenmascare las mentiras impuestas por los hilos económicos de los poderosos que quieren convertir cada día más al ser humano en marioneta de sus propios instintos y de sus máquinas de producción; junto a modelos de familia y de convivencia humana donde se refuercen los lazos afectivos y la madurez humana. Revalorar y dignificar la sexualidad, no como el simple ejercicio del placer, sino como una dimensión fundamental en el desarrollo humano y por tanto no se puede jugar con ella a los dados, a la ruleta rusa o simplemente convertirla en una forma de chantaje, medio de sobrevivencia o una ilusión efímera de unos pocos momentos, y después vienen las consecuencias, donde simplemente se busca la solución más fácil, sin importar que sea la más cruel de todas.
Muchas son las consecuencias de quienes por múltiples circunstancias llegan a abortar: Desde las traumáticas, más frecuentes de lo que creemos, donde el remordimiento y el recuerdo en medio de una serie de especulaciones, se convierten en una carga demasiado pesada que termina afectando la totalidad del ser y quehacer del directo implicado; hasta el total relativismo ético, donde se recurre repetidas veces a la misma práctica. Muchos son los efectos en la vida física, psíquica y espiritual de quien aborta. Desde la pastoral de la confesión, como Jesús con la mujer adúltera, estará siempre presente la misericordia de Dios; pero también se tendrá que orientar y clarificar desde una base doctrinal, humana y salvadora en los demás campos de la pastoral para formar en la libertad de los hijos de Dios y, desde las comunidades habrá que seguir trabajando por cultivar e incentivar la cultura de la vida buscando derrotar la cultura de la muerte en la cual estamos inmersos, y desde ahí tener la plena seguridad que así como este niño, el anciano y cada uno de nosotros hemos tenido una oportunidad de vivir, los 350.000 colombianos y los millones en el mundo de seres humanos que son asesinados en el vientre de sus madres tengan la oportunidad de vivir, de soñar, de envejecer y de sonreír o espantarse frente al espejo como lo hacemos nosotros todas las mañanas.