Pastoral Universitaria UCB

Semillas para tu vida…

Temas de formación y vida cristiana (3) February 6, 2008

Filed under: Formación y vida cristiana — David Cardona @ 4:23 pm
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Que son los Evangelios: Un acercamiento fácil y provechoso de la historia de Dios con los hombres.
Por: Fr. Angel M. Beltrán N., O.P.

Al escuchar la palabra Evangelio de inmediato pensamos en “algo sagrado”, poco comprensible, una especie de texto propio para ministros de la Iglesia que nadie entiende y que todos tratan de vivir. Otros pensarán en una especie de texto que tiene poderes sobrenaturales para salvar los muertos o ayudar en las eventualidades de la vida; o simplemente es la vida de Jesús de Nazaret donde se cuenta todo lo que hizo y no hizo. Una falta de evangelización hace que se caiga en una serie de equívocos que tergiversan las verdades de la fe y la misma acción de Dios en y con los hombres. De un Dios que decide revelarse, darse a conocer, presentarse entre los hombre en la existencia de Jesús y desde ahí enseñarnos el camino para llegar al Padre.

Mucho se ha hablado, escrito y especulado sobre el personaje de Jesús de Nazaret. Películas, miles de libros, supuestas profecías y otro montón de documentos que se dan a conocer como la verdad sobre el Hijo de Dios y siempre se hace bajo el supuesto de “que la Iglesia posee documentos secretos que no se atreve a revelar porque ésta como institución desaparecería y sus verdades de fe quedarían en la cuerda floja”. Todo esto es falso, lo más original que se escribe sobre la vida de Jesús en su ministerio en la tierra lo hace Marcos en su Evangelio unos treinta años después de la muerte en la Cruz; recoge una serie de datos y vivencias de las comunidades primitivas y de algunos discípulos de Jesús. Según estudios hechos, Marcos recogería algunas de las memorias de Pedro junto con la experiencia pos-pascual de las comunidades cristianas. Los datos recogidos por Marcos están contenidos en los evangelios de Mateo y Lucas, esto hace suponer que la primera fuente de estos dos evangelistas es Marcos, junto a esta fuente recogen relatos de otras comunidades o escritos de la época y se añade los textos de la infancia y los hechos después de la resurrección y todo esto es interpretado a la luz de una experiencia de Jesús y con la finalidad de catequizar a comunidades concretas. Los evangelios son textos que se escriben con el fin de catequizar, de dar a conocer la vida y obra de Nazaret desde una experiencia ya vivida. Se escriben primero la mayor parte de las cartas de San Pablo que los textos evangélicos. El Evangelio de San Juan, escrito hacia el año 100, es un texto mucho más espiritualizado donde se muestra la gloria de Dios en Jesús.

Por tanto, los evangelios no son una biografía de Jesús, menos la historia de sus memorias donde hay un paparazzi captando cada momento. Es una comunicación de una experiencia de un grupo de discípulos que siente la cercanía, compañía y enseñanza de un hombre maravilloso que con sus obras y su palabra se queda en el corazón de estos hombre y mujeres y con el hecho de la Resurrección entienden quién era Él y cuál fue su misión en la Tierra.  Tampoco es verdad que existan textos escondidos sobre la verdadera identidad y obra de Jesús. Los famosos evangelios “apócrifos”, secretos, son textos de los años 200 en adelante, y son escritos por sectas gnósticas (que condenan la corporeidad y en muchos casos enemigas de los cristianos) que tergiversan el mensaje de Jesús y son novelas fantasiosas que no conducen a nada; tal es el caso del famoso evangelio de Judas, descubierto recientemente, un texto gnóstico del año 350 cuyo argumento es la reivindicación del traidor con argumentos salidos de cualquier lógica. Los medievales, año 450-1500, son especialistas en inventar fábulas e historias de santos, crear misterios y supuestamente textos indescifrables, para aumentar la fe. Sobre presupuestos de esa naturaleza están hechas películas como el reciente “Código Da Vinci” pero que carecen de cualquier veracidad histórica. Así los Evangelios son el relato vivido de la vida y obra de Jesús, hechos experiencia en las primeras comunidades cristianas.

Todos los libros de la Biblia, tienen una singular importancia y en ninguno de ellos se puede negar la revelación de Dios, pero en unos esa revelación es más clara, diáfana, que en otros. Jesús es el rostro humano de Dios, lo que Dios podía mostrar a los hombres para la salvación lo hizo en su Hijo, que no fue un fantasma o un personaje mítico como son muchos otros en los mismo textos sagrados. Jesús de Nazaret vive en la historia humana, de ello da fe un historiador del imperio romano, Flavio Josefa. Jesús, la manifestación plena y total de Dios en la historia  y eso es lo que nos cuentan los Evangelios, por tanto dentro de la Sagrada Escritura son fundamentales y el único fin que tienen, es que esa revelación de Dios en Jesús se haga vida en nosotros. Hay que perder el miedo a leerlos, como cristianos tenemos que saber, formarnos, aprender sobre la vida y obra del “Emmanuel, del Dios con Nosotros” y todo ello esta a la mano, basta con abrir nuestra Biblia que a veces se la carcome el polvo en un rincón de la casa y enterarnos de quién fue Jesús, mi Salvador y como hizo su obra.

Una disculpa, los textos del Evangelio nadie los entiende. Estos escritos están redactados en un lenguaje para niños. Cuando tenemos pocos años lo primero que aprendemos son fábulas, pequeños cuentos que dejan un mensaje. Textos como las parábolas son eso, pequeñas historias a través del cual se trasmite un mensaje; quién no va entender los relatos de los milagros, las enseñanzas, y las travesías de Jesús; hasta el texto de la pasión es sencillo en medio del dramatismo y el sufrimiento del Hijo de Dios que entrega su vida para la salvación de cada uno de nosotros. No se necesita ser instruido para entender estos textos transmitidos para los “pobres y sencillos” y los “hombres de buena voluntad” que quieran recibir a Dios en su corazón. No nos dejemos confundir por las películas llenas de efectos especiales de Semana Santa que embotan y tergiversan la vida de Jesús y simplemente pensemos que Jesús es una especie de dogma indescifrable sólo cercano y asequible a sus ministros. Dios se nos da en su palabra, nos deja su testimonio y su invitación está siempre abierta a participar de esa salvación escrita y testificada en los Evangelios.

Así es que la tarea que nos queda es acercarnos más a los textos de los Evangelios y si queda un tiempo, a los demás libros de la Biblia, hacer de ellos un medio de aprendizaje, meditación y oración. No despreciemos esta cantera, fuente, manantial inagotable de gracia y salvación, sólo necesita un poco de disposición nuestra, lo demás lo hace la fuerza de la misma palabra y  la acción del Espíritu de Dios contenida en ella. Manos a la obra, en nuestras casas hay casi siempre una Biblia, hagamos de su lectura un hábito y del Evangelio una comprensión y vivencia para el crecimiento como personas, como sociedad y como Iglesia. El Reino de Dios será una realidad en la medida en que la vida de Jesús se hace vida en mí; ¿cómo hacerlo?, acércate a los textos del Evangelio y ahí esta la respuesta.

 

Temas de formación y vida cristiana (2) December 6, 2007

Filed under: Formación y vida cristiana — David Cardona @ 1:18 pm
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El Aborto: Un atentado contra el ser y la naturaleza del hombre.
Por: Fr. Angel M. Beltrán N., O.P.

Observa la sonrisa de un niño, las arrugas y la experiencia de un anciano y ahora, mira detenidamente tu rostro. Pregúntate, ¿qué sería de ese niño, de ese anciano y de ti mismo; si quienes los engendraron hubieran interrumpido voluntariamente el proceso que sigue un embarazo normal?. Cada uno con su historia, desde sus circunstancias vive la vida. Acaso, ¿existirán razones para haber interrumpido voluntariamente esa vida que cada uno de nosotros disfrutamos?.

Estamos hablando del “aborto”, como la muerte del feto humano antes de nacer, provocada directa y deliberadamente en cualquiera de los momentos biológicos del proceso de gestación a partir del momento preciso de la concepción; es decir, hay vida humana desde la célula germinal conformada por la unión del óvulo y el espermatozoide hasta el nacimiento del niño y este proceso de formación de la vida no puede ser interrumpida por razones humanas predeterminadas.

El problema del aborto es tan antiguo como la humanidad, en culturas como la sumeria, 3000 años antes de Cristo, se castigaba esta práctica y en otras más recientes, como la griega, se permitía alegando razones de “superpoblación” de las ciudades; y en la romana, no existía problema “ya que el progenitor era el dueño de la vida”. Será el judaísmo y posteriormente el cristianismo quien haga una defensa vehemente de la vida y la dignidad prenatal del ser concebido; como afirma Tertuliano: “atentar contra la vida del feto, es atentar contra la vida de un hombre que está en camino de serlo”.

Ayer como hoy la polémica sigue, la cultura de la muerte se impone, tras una cortina de humo que supuestamente quiere mejorar el “bienestar humano”. Las políticas abortistas de los gobiernos ven en la “superpoblación” un peligro para la existencia de los recursos de subsistencia; los sistemas de derecho proclaman el libre ejercicio de la libertad y desarrollo de la personalidad; las ciencias biomédicas como la ingeniería genética, ven en la experimentación prenatal el camino para “mejorar y prolongar” la vida de los seres humanos; los sistemas éticos relativistas, donde se buscan simples argumentos para el bienestar de cada cual sin importar el costo; la educación, donde se enseña biología sexual y la fenomenología del placer producido por las prácticas sexuales; el machismo, el feminismo, el consumismo con su chantaje del “qué dirán”, “de guardar la imagen”; las familias “desechables” e “intercambiables”; las mentalidades de sociedades enfermas que dan origen a individuos “sexoadictos” que terminan cometiendo toda clase de delitos contra el ejercicio digno y personalizador de la sexualidad. Muchas otras razones se podrían aducir para legitimar las políticas abortistas ya sea de los estados, de las familias o personales. Simplemente hago una pregunta: ¿Por qué razón, un ser indefenso, que tiene derecho a vivir independientemente de los criterios, creencias y argumentos de las sociedades y las personas tiene que terminar pagando con su vida lo que desde criterios humanos, razonables, dignos, es posible evitar?.

Como el asunto no se trata simplemente de llegar a posiciones condenatorias sin más, quiero al menos que examinemos cuatro razones, que brindan luces objetivas para desestimar este tipo condenable de práctica:
-Razón biológica: Biológicamente hablando, desde el momento de la fecundación comienza a existir una célula germinal que contiene un mapa genético (comprobado por la ciencia), el conjunto de rasgos esenciales para que una nueva vida exista. Esa célula germinal que luego se convierte en cigoto, embrión y feto, tiene VIDA, porque tiene movimiento propio; es HUMANO, porque es del mismo principio generador de los padres; es INDIVIDUAL, porque posee un código genético propio; es PERSONA, porque tiene autonomía, distinta de sus padres y del vientre receptor.
-Razón histórica: En la mayor parte de las civilizaciones la conservación y defensa de la vida del prenacido ha sido una constante. Históricamente el abortar ha sido un delito grave.
-Razón antropólogica: ¿Qué otro ser viviente, distinto de los humanos, atenta contra su propia especie en estado de gestación?. Atentar contra el ser humano, es atentar contra nuestra propia posibilidad de vida, de racionalidad, de solidaridad con nuestra especie y demás características que nos identifican como seres humanos y no como otra cosa.
-Razón teológica: Ese principio de vida en cualquiera de sus fases de desarrollo es ya imagen de Dios, es criatura formalmente de Dios. De ahí su sacralidad. Si Dios crea y respeta esa vida, que a veces, en mal uso de la libertad humana, se engendra en las situaciones más absurdas, antihumanas y anticristianas; ¿quién le ha dado autoridad para atentar contra esa vida inocente e indefensa?. No se puede escudar en la falta de práctica religiosa o la libertad de cultos para cometer este delito, cuya culpa clama justicia hasta el ser íntimo del hombre y de su tarea socio-histórica.

¿Cómo enfrentar el problema?. En sociedades como las nuestras habrá que hacerlo desde el rescate del sentido de la vida y la confrontación de los valores humanos y cristianos, si se es creyente; dados dentro de un proceso educativo que por una parte, enseñe y lleve al joven y por ende al adulto a un ejercicio sano de su sexualidad, que comprometa todo su ser y su proyecto de vida; y por otra parte, una educación que desenmascare las mentiras impuestas por los hilos económicos de los poderosos que quieren convertir cada día más al ser humano en marioneta de sus propios instintos y de sus máquinas de producción; junto a modelos de familia y de convivencia humana donde se refuercen los lazos afectivos y la madurez humana. Revalorar y dignificar la sexualidad, no como el simple ejercicio del placer, sino como una dimensión fundamental en el desarrollo humano y por tanto no se puede jugar con ella a los dados, a la ruleta rusa o simplemente convertirla en una forma de chantaje, medio de sobrevivencia o una ilusión efímera de unos pocos momentos, y después vienen las consecuencias, donde simplemente se busca la solución más fácil, sin importar que sea la más cruel de todas.

Muchas son las consecuencias de quienes por múltiples circunstancias llegan a abortar: Desde las traumáticas, más frecuentes de lo que creemos, donde el remordimiento y el recuerdo en medio de una serie de especulaciones, se convierten en una carga demasiado pesada que termina afectando la totalidad del ser y quehacer del directo implicado; hasta el total relativismo ético, donde se recurre repetidas veces a la misma práctica. Muchos son los efectos en la vida física, psíquica y espiritual de quien aborta. Desde la pastoral de la confesión, como Jesús con la mujer adúltera, estará siempre presente la misericordia de Dios; pero también se tendrá que orientar y clarificar desde una base doctrinal, humana y salvadora en los demás campos de la pastoral para formar en la libertad de los hijos de Dios y, desde las comunidades habrá que seguir trabajando por cultivar e incentivar la cultura de la vida buscando derrotar la cultura de la muerte en la cual estamos inmersos, y desde ahí tener la plena seguridad que así como este niño, el anciano y cada uno de nosotros hemos tenido una oportunidad de vivir, los 350.000 colombianos y los millones en el mundo de seres humanos que son asesinados en el vientre de sus madres tengan la oportunidad de vivir, de soñar, de envejecer y de sonreír o espantarse frente al espejo como lo hacemos nosotros todas las mañanas.

 

Temas de formación y vida cristiana (1) October 10, 2007

Filed under: Formación y vida cristiana — David Cardona @ 11:01 am
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Creer en Dios: un acto de fe, una creación histórica o una ilusión frustrante.
Por: Fr. Angel M. Beltrán N., O.P.

Cuando nos acercamos a la cultura más remota, a las huellas prehistóricas del ser humano, casi siempre encontramos que éste ha buscado una relación con un “poder” especial que traspase su simple existencia y las experiencias pasajeras de la vida. La relación con lo espiritual no es algo que se inventaron las religiones y menos el cristianismo, es un elemento fundamental en la existencia del ser humano. Por su condición de ser pensante tiene necesidad de eternidad, su vida sería incompleta sin esta posibilidad. Cuando los españoles llegaron a nuestras tierras e implantaron el cristianismo que venía de la tradición Judío-cristiana, nuestros aborígenes no eran “bestias” blasfemas o demoníacas, como fueron calificados en su mayoría, y menos carentes de relación con un trascendente, tenían sus creencias religiosas, especialmente relacionadas con cultos a la naturaleza (el sol, la luna, las montañas, etc.), la muerte y sus propias experiencias.

Las religiones, igual que las demás componentes socio-culturales del hombre han pasado por un largo proceso de evolución. Las primeras huellas de la religión están en la naturaleza, (el sol, la luna, los fenómenos naturales, el ciclo de las cosechas, etc.). Una segunda etapa es la zoomórfica, donde los animales entran en acción, la fuerza, la espectacularidad y agilidad de ciertas especies se ve como un poder que hay que atrapar, y para ello se da un paso: entrecruzar la fuerza o agilidad del animal con el pensamiento humano, aparece el mito, como por ejemplo: mitad caballo, mitad hombre; un ser humano con alas de águila o un buey con rostro humano. A estos mitos se les da una mayor categoría y se convierten en dioses, seres divinos capaces de manejar los destinos del hombre. Éste tiene que cumplir su voluntad para que lo dioses no lo castiguen. Estas formas mitológicas se convierten en poderes sobrenaturales que ya no serán manipuladas por el hombre a su acomodo, sino que éste tiene que dirigirse a través de formas cúlticas (sacrificios, ceremonias religiosas, ofrendas, oraciones, etc.) para congraciarse con los dioses. En estas etapas estaban nuestros aborígenes cuando los españoles llegaron a sus tierras. La diferencia evolutiva a nivel cultural entre el europeo y el indígena está entre cinco y siete mil años.

Finalmente aparecen las religiones monoteístas. Un sólo Dios, una sola fe y un sólo pueblo, ese es el caso de los Israelitas, quienes descubren por iniciativa del mismo Dios, su presencia en medio de los hombres. Dios Yahvé establece con ellos una historia de salvación, un Dios que deja de ser un mito para vivir en medio de su pueblo, dirigir la historia y dar plenitud a su salvación, para ello envía a su propio hijo Jesús, el rostro humano de Dios. De los seguidores de Jesús nace el Cristianismo con más de mil millones de creyentes alrededor de todo el mundo. Del mismo Judaísmo se desprende otra gran religión, el Islamismo. Mahoma, su profeta, toma los principios de la ley judía, los interpreta a su acomodo y luego a través de las armas, de la “guerra santa” difunde e impone sus creencias. Mientras el cristianismo hace una llamada al amor en todas sus formas, como la manera de predicación más eficaz; el musulmán lo hace a través de la guerra y de una moral obligatoria e inapelable que no admite objeción alguna. El resto de la humanidad, Oriente y regiones cercanas tienen como religión el Budismo e Hinduismo, formas religiosas muy antiguas, nacidas mucho antes que el judaísmo, cuyo elemento central está en la meditación interior y el manejo mental de las diferentes etapas, procesos y vivencias socio-históricas del ser humano. Junto a estas grandes religiones hay miles creencias de menor importancia pero que constituyen un elemento fundamental en la búsqueda interior de cualquier hombre o mujer.

En la modernidad quizá la “religión sea el opio del pueblo”, Marx; una proyección de las frustraciones del ser humano que no es capaz de satisfacer, Freud o un producto de la evolución histórica, Hegel. Para el hombre de hoy, parece ser una pérdida de tiempo y estorbo para sus deseos de materialidad, una simple historieta mandada a recoger o un espejismo de las clases menos favorecidas. Diga lo que se diga, ese aliento, deseo inmanente de eternidad, vive en cada persona, es inherente a él y no fácilmente se le puede desechar. Cuando el ser humano hace esa renuncia tiene que volver a su animalidad primera, para entrar en un proceso de preguntas sin respuesta, de proyectos que se convierten en frustraciones y de una materialidad frustrante que es la tumba de sus propios deseos. Por eso, déjale siempre a Dios un lugar en tu corazón, ahí está esperando por todo aquel que quiera vivir ese deseo de eternidad, un verdadero camino que no es frustración, sino vida y amor, compañía asegurada en esta vida y después vida eterna.

Dios es una realidad en la nuestra vida cuando es una experiencia, una condicionalidad permanente de la vida. De lo contrario será simplemente una teoría histórica, perfectamente explicada y justificada, un fetichismo de otros o simplemente un mito por destruir. Dios y todas las demás verdades, que se nos dan en Jesús, el Espíritu Santo, la Santísima Virgen María y de más santos y misterios que se viven en la Iglesia solo son comprendidos a la luz de la fe, y de una vivencia cercana y consecuente entre las prácticas de la cotidianidad y el mandato de Dios. El Espíritu de Dios, es como el viento, solo necesita de una pequeña abertura para entrar, lo demás Él se encargará de transformarlo, ¡démosle esa oportunidad!