Que son los Evangelios: Un acercamiento fácil y provechoso de la historia de Dios con los hombres.
Por: Fr. Angel M. Beltrán N., O.P.
Al escuchar la palabra Evangelio de inmediato pensamos en “algo sagrado”, poco comprensible, una especie de texto propio para ministros de la Iglesia que nadie entiende y que todos tratan de vivir. Otros pensarán en una especie de texto que tiene poderes sobrenaturales para salvar los muertos o ayudar en las eventualidades de la vida; o simplemente es la vida de Jesús de Nazaret donde se cuenta todo lo que hizo y no hizo. Una falta de evangelización hace que se caiga en una serie de equívocos que tergiversan las verdades de la fe y la misma acción de Dios en y con los hombres. De un Dios que decide revelarse, darse a conocer, presentarse entre los hombre en la existencia de Jesús y desde ahí enseñarnos el camino para llegar al Padre.
Mucho se ha hablado, escrito y especulado sobre el personaje de Jesús de Nazaret. Películas, miles de libros, supuestas profecías y otro montón de documentos que se dan a conocer como la verdad sobre el Hijo de Dios y siempre se hace bajo el supuesto de “que la Iglesia posee documentos secretos que no se atreve a revelar porque ésta como institución desaparecería y sus verdades de fe quedarían en la cuerda floja”. Todo esto es falso, lo más original que se escribe sobre la vida de Jesús en su ministerio en la tierra lo hace Marcos en su Evangelio unos treinta años después de la muerte en la Cruz; recoge una serie de datos y vivencias de las comunidades primitivas y de algunos discípulos de Jesús. Según estudios hechos, Marcos recogería algunas de las memorias de Pedro junto con la experiencia pos-pascual de las comunidades cristianas. Los datos recogidos por Marcos están contenidos en los evangelios de Mateo y Lucas, esto hace suponer que la primera fuente de estos dos evangelistas es Marcos, junto a esta fuente recogen relatos de otras comunidades o escritos de la época y se añade los textos de la infancia y los hechos después de la resurrección y todo esto es interpretado a la luz de una experiencia de Jesús y con la finalidad de catequizar a comunidades concretas. Los evangelios son textos que se escriben con el fin de catequizar, de dar a conocer la vida y obra de Nazaret desde una experiencia ya vivida. Se escriben primero la mayor parte de las cartas de San Pablo que los textos evangélicos. El Evangelio de San Juan, escrito hacia el año 100, es un texto mucho más espiritualizado donde se muestra la gloria de Dios en Jesús.
Por tanto, los evangelios no son una biografía de Jesús, menos la historia de sus memorias donde hay un paparazzi captando cada momento. Es una comunicación de una experiencia de un grupo de discípulos que siente la cercanía, compañía y enseñanza de un hombre maravilloso que con sus obras y su palabra se queda en el corazón de estos hombre y mujeres y con el hecho de la Resurrección entienden quién era Él y cuál fue su misión en la Tierra. Tampoco es verdad que existan textos escondidos sobre la verdadera identidad y obra de Jesús. Los famosos evangelios “apócrifos”, secretos, son textos de los años 200 en adelante, y son escritos por sectas gnósticas (que condenan la corporeidad y en muchos casos enemigas de los cristianos) que tergiversan el mensaje de Jesús y son novelas fantasiosas que no conducen a nada; tal es el caso del famoso evangelio de Judas, descubierto recientemente, un texto gnóstico del año 350 cuyo argumento es la reivindicación del traidor con argumentos salidos de cualquier lógica. Los medievales, año 450-1500, son especialistas en inventar fábulas e historias de santos, crear misterios y supuestamente textos indescifrables, para aumentar la fe. Sobre presupuestos de esa naturaleza están hechas películas como el reciente “Código Da Vinci” pero que carecen de cualquier veracidad histórica. Así los Evangelios son el relato vivido de la vida y obra de Jesús, hechos experiencia en las primeras comunidades cristianas.
Todos los libros de la Biblia, tienen una singular importancia y en ninguno de ellos se puede negar la revelación de Dios, pero en unos esa revelación es más clara, diáfana, que en otros. Jesús es el rostro humano de Dios, lo que Dios podía mostrar a los hombres para la salvación lo hizo en su Hijo, que no fue un fantasma o un personaje mítico como son muchos otros en los mismo textos sagrados. Jesús de Nazaret vive en la historia humana, de ello da fe un historiador del imperio romano, Flavio Josefa. Jesús, la manifestación plena y total de Dios en la historia y eso es lo que nos cuentan los Evangelios, por tanto dentro de la Sagrada Escritura son fundamentales y el único fin que tienen, es que esa revelación de Dios en Jesús se haga vida en nosotros. Hay que perder el miedo a leerlos, como cristianos tenemos que saber, formarnos, aprender sobre la vida y obra del “Emmanuel, del Dios con Nosotros” y todo ello esta a la mano, basta con abrir nuestra Biblia que a veces se la carcome el polvo en un rincón de la casa y enterarnos de quién fue Jesús, mi Salvador y como hizo su obra.
Una disculpa, los textos del Evangelio nadie los entiende. Estos escritos están redactados en un lenguaje para niños. Cuando tenemos pocos años lo primero que aprendemos son fábulas, pequeños cuentos que dejan un mensaje. Textos como las parábolas son eso, pequeñas historias a través del cual se trasmite un mensaje; quién no va entender los relatos de los milagros, las enseñanzas, y las travesías de Jesús; hasta el texto de la pasión es sencillo en medio del dramatismo y el sufrimiento del Hijo de Dios que entrega su vida para la salvación de cada uno de nosotros. No se necesita ser instruido para entender estos textos transmitidos para los “pobres y sencillos” y los “hombres de buena voluntad” que quieran recibir a Dios en su corazón. No nos dejemos confundir por las películas llenas de efectos especiales de Semana Santa que embotan y tergiversan la vida de Jesús y simplemente pensemos que Jesús es una especie de dogma indescifrable sólo cercano y asequible a sus ministros. Dios se nos da en su palabra, nos deja su testimonio y su invitación está siempre abierta a participar de esa salvación escrita y testificada en los Evangelios.
Así es que la tarea que nos queda es acercarnos más a los textos de los Evangelios y si queda un tiempo, a los demás libros de la Biblia, hacer de ellos un medio de aprendizaje, meditación y oración. No despreciemos esta cantera, fuente, manantial inagotable de gracia y salvación, sólo necesita un poco de disposición nuestra, lo demás lo hace la fuerza de la misma palabra y la acción del Espíritu de Dios contenida en ella. Manos a la obra, en nuestras casas hay casi siempre una Biblia, hagamos de su lectura un hábito y del Evangelio una comprensión y vivencia para el crecimiento como personas, como sociedad y como Iglesia. El Reino de Dios será una realidad en la medida en que la vida de Jesús se hace vida en mí; ¿cómo hacerlo?, acércate a los textos del Evangelio y ahí esta la respuesta.