Semillas para tu vida:
Por: Fr. Angel M. Beltrán N., O.P.
La penitencia: reencuentro amoroso con Dios
“Alégrense conmigo, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado”. Lc. 15,24.
Cuando una empresa está en crisis, se hacen estudios, reuniones, se toman medidas para descubrir y subsanar las fallas, de lo contrario la empresa fracasa. Nuestra vida es una empresa, con ningún otro fin que el de encontrar la felicidad como realización personal; pero de igual manera, tenemos muchas fallas, maldades, pecados, o como se les llame. En este tiempo de Cuaresma es bueno hacer un alto en el camino, ponernos de cara a Dios y reconocer nuestros pecados, no para lamentarnos sino para encontrar la raíz y consecuencias de los actos malos y desde ahí, con la gracia de Dios y la reorientación de nuestra voluntad reconciliarnos con nosotros mismos, con los demás y con Dios. Es bueno la confesión con un sacerdote, Dios le ha dado esa potestad, siendo un pecador también, de acercar a sus fieles a Dios; además, tiene la formación moral, psicológica y humana para la orientación en los problemas de los cuales nos confesamos. En el perdón de los pecados, encontramos la paz con Dios y con nosotros mismos, el poder comulgar con frecuencia y vivir la vida como una auténtica comunión con la Iglesia y unión con nuestro creador. El pecado esclaviza; el perdón de Dios libera, santifica, llena de alegría, da sentido a la vida, nos hace más humanos. Siempre esta dispuestos a perdonarnos porque no “quiere la condenación de sus Hijos, sino su salvación”. No dejemos pasar esta oportunidad: reconozcamos nuestros pecados, acerquémonos a la confesión y recibamos el perdón de Dios, como compromiso para vivir mejor la Cuaresma.
Oración:
“Ten piedad de mí, Oh Dios,
por tu inmensa compasión,
borra mi culpa;
lava del todo mi maldad,
limpia mi pecado;
yo reconozco mi culpa,
hice lo que Tú detestas…
lávame,
quedaré más limpio que la nieve
hazme sentir el gozo y la alegría
y borra todos mis pecados…
fortaléceme con un espíritu firme
y devuélveme la alegría
de tu presencia y salvación…”
Apartes del Salmo 51.
Reflexión:
A veces tomamos a broma o hasta se nos olvida el tiempo que ha pasado desde la última confesión. Caer en pecado es un acto de humanos, de nuestra propia naturaleza; reconocerlo, pedir perdón y reconciliarnos con Dios, es un acto de un hombre o una mujer que quiere vivir su bautismo, sus compromisos con Dios y con los demás. Dios nos regala la gratuidad de su gracia y su misericordia en el sacramento de la penitencia (confesión), no le despreciemos y recibamos con alegría, la gracia del perdón.
“El hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido” ~Jesús de Nazaret